jueves, 27 de octubre de 2011

EL DRAMA DE LA UNIDAD

"JERUSALÉN, CUÁNTAS VECES HE QUERIDO REUNIR A TUS HIJOS, PERO TÚ NO HAS QUERIDO" lC 13, 31-35. Es el drama de la unidad y de la paz que sufrimos en el mundo: nos resistimos a ser uno como Jesús nos ha enseñado.

EL PAPA EN ASÍS

Discurso del Papa Benedicto XVI en el encuentro de oración por la paz Asís 2011   -  27 de octubre de 2011
Queridos hermanos y hermanas,  distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo, queridos amigos
Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces?
¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.
Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.
Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas – según mi parecer – se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades. Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.
A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir – y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza – que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Vuestra pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre vosotros? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.
Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión – como hemos dicho – ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.
Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo
La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.
Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella.

Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta.
Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios – el verdadero Dios – se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Por dónde vas a entrar?

"Traten de entrar por la puerta estrecha, pues muchos tartarán y no podrán" Lc 13, 22-30. Y son muchos más los que prefieren la puerta ancha, como los que dicen: ay, qué flojerea, no tengo ganas, no siento nada, a ver cuándo puedo...

martes, 25 de octubre de 2011

JORNADA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD EN LA PARROQUIA

Ese día 27, jueves, en la Parroquia tendremos expuesto el Santísimo desde las 10:00 hasta las 7:00 de la tarde. A las 6:00 será la Hora Santa y a las 7:00 la Misa.

ENCUENTRO POR LA UNIDAD DE LOS CREYENTES

El jueves, día 27, el Papa Benedicto se reunirá en Asís, Italia, con los líderes y jefes de las religiones principales del mundo así como con los de las Iglesias cristianas para orar por la UNIDAD de todos los creyentes. Es el 25 aniversario de la reunión que tuvo con esta intención el Papa Juan Pablo II en la misma ciudad de Asís.

ORANDO CON EL PAPA POR LA UNIDAD

III. Oración ecuménica



Las campanas suenan lentamente mientras ingresan los representantes. Tras un silencio lee el Monitor:



Nos congregamos  aquí en silencio, en comunión con todos aquellos que oran en Asís. Nuestro silencio hace eco al silencio de los líderes del mundo que callan, no hacen oír su voz y no trabajan por la paz. Hace eco también a nuestras comunidades silenciosas y demasiado preocupadas del propio bienestar para dejarse interpelar. Hace eco a nuestros corazones silenciosos que han olvidado los dones de los cuales Dios nos ha colmado. No hemos sido creados para el silencio. Debemos siempre recordar que, provenientes lugares diversos, somos en realidad un don los unos los otros.



            (Sentados)



I. INVITACIÓN  A LA ORACIÓN  DE ALABANZA Y  DE ACCIÓN DE GRACIAS


(Monitor): Nuestra invitación a la alabanza nos lleva a considerar nuestros puntos de vista y nuestras proveniencias como un don.



(Se pone incienso en las brasas antes de la intervención de cada representante)



Representante 1:      Creador del Oriente, te ofrecemos este don en honor de la aurora del nuevo día. Agradecemos y honramos a los pueblos del Oriente: su vida y sus tradiciones espirituales nos enseñan cómo vivir. Todos nosotros deseamos acoger el desafío de un nuevo inicio y encontrar alegría al recorrer nuestro camino, en el surgir cotidiano de la luz. Haz que aprendamos a renovar nuestra mente para encontrar nuevos modos de  cuidar de nosotros mismos y de los otros. Gracias por el nacimiento de cada nuevo día.


Representante 2:      Creador del Norte, te ofrecemos este don en honor de las luchas y  de la perseverancia en los días invernales. Agradecemos  y honramos a los pueblos del Norte: su vida y sus tradiciones espirituales nos enseñen cómo vivir. Todos nosotros deseamos afrontar los desafíos de este tiempo complejo y confuso. Haz que podamos encontrar la fuerza y  el sentido de vivir en el encuentro contigo y con el prójimo y haznos capaces de encontrar nuevos modos para sostenernos y fortalecernos todas las veces que nos sentimos perdidos.


Representante 3:      Creador del sur, te ofrecemos este don en honor de la vida que llega cada primavera. Agradecemos y honramos a los pueblos del Sur: su vida y tradiciones nos enseñan cómo vivir. Todos nosotros deseamos reencontrar nuestras fuerzas y nuestro alimento en la sorprendente sobreabundancia de la vida. Haz que aprendamos a recibir cada don con respeto, honor y humildad y haznos capaces de generar comprensión y  de fomentar nuevos líderes. Gracias por el don de cada persona que ha escogido seguir a Cristo.


Representante 4:      Creador del Occidente, te ofrecemos este don en honor del fin de cada día, como cumplimiento de nuestros compromisos cotidianos. Agradecemos y honramos a los pueblos del Occidente: su vida y sus tradiciones espirituales nos enseñan cómo vivir. Todos nosotros deseamos vencer el miedo de frente a lo que acaba, al término del día y de cada estación  y, así compartir la sabiduría de lo que hayamos aprendido al recorrer tu camino. Haz que podamos encontrar, en nuestras oscuridades, el coraje de buscar una nueva aurora esperando alcanzar la plenitud del corazón, de la mente y del espíritu.


II. PALABRA DE DIOS



(Monitor): Ahora dejemos que  la Palabra de Dios rompa el silencio y resuene en todas las direcciones de modo que cada hombre pueda escuchar la Buena Noticia y caminar en la paz y en la benevolencia de Dios.



(Lector/a)



«Así dice el Señor:
"el cielo es mi trono,
la tierra el estrado de mis pies.
¿Qué casa podrán construirme
o que lugar para mi reposo,
si el universo es obra de mis manos y todo es mío?
- Oráculo del Señor -
En ese pondré mis ojos,
en el humilde y el que tiene un espíritu contrito
en aquel que se estremece ante mis palabras».
Isaías 66, 1-2




III. MEDITACIÓN


(Escoger una persona que haga una breve meditación)


IV. PETICIÓN DE PERDÓN



(Monitor): Hermanos y hermanas, oremos no sólo por la paz en nuestro mundo, sino también para que nosotros mismos podamos ser instrumentos de aquella paz de la cual el mundo tiene necesidad. Debemos pedir perdón por todas las veces que no hemos cumplido la voluntad de Dios. Recordemos que debemos ante todo pedir perdón para poder ser perdonados. Reconozcamos la bondad de Dios, que es nuestro Padre y reconozcamos nuestros pecados para poder recibir el perdón de Dios todo misericordioso. Reconozcamos que hemos escogido callar en vez de escuchar la Palabra de Dios y de acoger el grito de los hijos de Dios que son víctimas de la injusticia. Oremos, pues,  con confianza:



·       Aunque hemos abandonado los caminos de la paz;

* (todos) Tú, Señor, nos invitas de nuevo a ser sembradores de paz.

·       Aunque hemos herido a nuestros hermanos,

* (todos) Tú, Señor, nos invitas a la reconciliación.

·       Aunque no hemos colaborado con decisión con quienes construyen la paz,

* (todos) Tú, Señor, quieres que nos impliquemos en los procesos de la paz.

·       Aunque no hemos escuchado el grito de quienes se siente ultrajados,

* (todos) Tú, Señor, quieres que sean nuestros hermanos y hermanas predilectos.



V. ORAMOS CON FRANCISCO DE ASÍS



Pidamos ahora a Dios Padre que perdone que nos haga capaces de perdonar a  aquellos que nos han ofendido. Hagámoslo con las palabras de Francisco



TODOS:        Oh alto y  glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón.
Dame fe recta, esperanza verdadera,
caridad perfecta y humildad profunda.
Dame, Señor, sentido y discernimiento
para cumplir tu verdadera y santa voluntad. Amén



VII. RITO DE LA MISIÓN


La “Tau” es  un símbolo conocido desde hace mucho tiempo. El profeta Ezequiel tuvo una visión donde aquellos que permanecieron fieles eran marcados con el signo de la Tau, el signo de la alianza, de la fe y de la salvación (Ez 9,4) San Francisco de Asís, es el santo conocido por haber difundido la Tau en todo el mundo. Se cuenta que Francisco estuvo en Roma, probablemente durante la celebración del IV Concilio de Letrán y que oyó al Papa Inocencio III hablar de Ezequiel y del significado de la Tau. Francisco hizo suyo aquel símbolo con el cual se identificó inmediatamente. Los temas de la conversión, de la salvación, de la fidelidad a la Palabra y a la voluntad de Dios parecían ser aquellos que calaban en el corazón de Francisco.

En este día, en el cual estamos reunidos para pedir por la paz, la Tau nos pide vivir en unidad,  conversión, obediencia a la voluntad de Dios y en el espíritu de Dios que es Espíritu de paz y de perdón. Hoy es nuestro compromiso y responsabilidad ser punto de referencia para el mundo y llamar a todos los hombres a ser fieles al Pacto de amor con Dios.


ENVÍO A LA MISIÓN EN EL ESPÍRITU DE LA TAU



(Monitor): “Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5,9). Son verdaderamente pacíficos aquellos que en todas las contrariedades que soportan en este mundo, por el amor del Señor nuestro Jesucristo, conservan la paz en el alma y en el cuerpo. (De la Admonición  XV de San Francisco).


(Se distribuye la Tau a todos los presentes mientras la asamblea entona el canto final de envío a la misión)


CANTO DE DESPEDIDA

PARÁBOLAS DEL REINO

"El Reino de Dios se parece a la semilla de mostaza que alguien sembró en su huerta" Lc 13, 18-21. Así es, Dios sembró en nosotros la semilla de su Reino...¿la cultivas? ¿la dejas crecer?

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