DEL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO
PARA LA CUARESMA
Dios no se revela mediante el poder y
la riqueza del mundo, sino mediante
la debilidad y la pobreza: «Siendo
rico, se hizo pobre por vosotros…».
Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al
Padre en poder y gloria, se hizo
pobre; descendió en medio de
nosotros, se acercó a cada uno de
nosotros; se desnudó, se “vació”, para
ser en todo semejante a nosotros (cfr.
Flp 2, 7; Heb 4, 15).
¡Qué gran misterio la encarnación de
Dios! La razón de todo esto es el amor
divino, un amor que es gracia,
generosidad, deseo de proximidad, y
que no duda en darse y sacrificarse
por las criaturas a las que ama. La
caridad, el amor es compartir en todo
la suerte del amado.
El amor nos hace semejantes, crea
igualdad, derriba los muros y las
distancias. Y Dios hizo esto con
nosotros. Jesús, en efecto, « nacido de
la Virgen María, se hizo
verdaderamente uno de nosotros, en
todo semejante a nosotros, excepto en
el pecado»
La pobreza de Cristo, que nos
enriquece, consiste en el hecho de que
se hizo carne, cargó con nuestras
debilidades y nuestros pecados,
comunicándonos la misericordia
infinita de Dios.